Mejores Prácticas para una Gestión Efectiva de la Nube

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La computación en la nube nace como una respuesta a la necesidad de las empresas de gestionar grandes cantidades de datos, agilizar el acceso a la información desde cualquier ubicación y optimizar el uso de la infraestructura tecnológica.

Si bien se ha hablado de la nube desde hace más de 3 décadas, esta arquitectura ha tenido importantes avances a través de los años, adaptándose a los cambios tecnológicos y buscando, cada vez más, suplir los requerimientos operativos organizacionales.

En la actualidad, un porcentaje importante de empresas de diversos tamaños a nivel global confía en la computación en la nube, ya sea pública, privada o híbrida para ejecutar algunas aplicaciones críticas del negocio o salvaguardar información. Sin embargo, migrar a la nube no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Esto implica un proceso previo de evaluación y planificación para considerar la viabilidad del proceso y las implicaciones que trasladar la información o aplicaciones a la nube conllevan para la continuidad del negocio.

Es imperioso, además, que al revisar proveedores de servicios de nube, se revisen y aclaren los roles y responsabilidades de las partes involucradas, sobre todo en materia de seguridad de la información. Esto facilitará el proceso de planificación sobre qué información llevar a la nube o cuál tipo de nube es más conveniente para los objetivos que se pretender alcanzar con el proceso.

Sin embargo, cuando se tomada la decisión formada y consciente de ejecutar la migración, es vital seguir una pauta de buenas prácticas en la gestión de la nube, con el fin de garantizar la seguridad, disponibilidad y accesibilidad de la información allí almacenada.

Más allá del paso inicial de planificación y análisis de viabilidad, hay otros pasos igualmente importantes a tener en cuenta para administrar la nube eficientemente. Entre ellos:

  • Seguridad: implementar una estrategia de ciberseguridad enfocada en la nube es esencial para la protección de la información allí almacenada. Esto podría comprender: el uso de herramientas como doble factor de autenticación, control de roles y accesos, sistemas de detección de intrusiones y contraseñas robustas. De igual forma, es importante mantener un registro minucioso de las actividades y cambios que se realicen en las plataformas. Esto facilitará la identificación de comportamientos anómalos que perjudiquen sus datos.
 
  • Gobierno y cumplimiento: priorice el uso de herramientas que permitan la automatización de políticas, garantizando que los recursos cumplan con estándares de seguridad y conformidad.
    De igual manera, revise periódicamente las políticas para garantizar que se ajustan a los requerimientos de cumplimiento de la organización.
  • Conozca su responsabilidad: como se mencionó anteriormente, es vital determinar desde el principio cuales son las responsabilidades en materia de gestión y protección de datos. Establecer hasta dónde llega la responsabilidad del proveedor y donde comienza la del cliente es fundamental para gestionar eficazmente la seguridad de la información y evitar dolores de cabeza en caso de un incidente.
  • Monitoreo y seguimiento: implemente herramientas que le permitan hacer seguimiento al rendimiento de su infraestructura, tanto física como de nube, para garantizar el correo funcionamiento y mantener bajo control el rendimiento de las aplicaciones y servicios. Implemente herramientas de orquestación para coordinar la gestión de recursos y aplicaciones en toda la infraestructura. Esto le aportará más eficiencia a sus operaciones.
  • Optimización de recursos: emplee herramientas que le permitan analizar y optimizar los recursos de nube. También emplee el auto escalado para que estos se adapten según la demanda de recursos que se vaya presentando. Otro aspecto importante es realizar un análisis de costos regulares para identificar oportunidades de ahorro y asegurar que se está utilizando la capacidad de manera eficiente.
  • Automatización: de ser posible, implemente soluciones de automatización para la ejecución de tareas repetitivas, que permita disminuir el riesgo asociado al error humano.
  • Estrategias de respaldo y recuperación: es esencial contar con planes de copias de seguridad y recuperación de desastres que involucren toda la infraestructura de nube para garantizar la continuidad empresarial. También es esencial realizar pruebas sobre estos planes para asegurar su funcionalidad en caso de requerir su puesta en marcha.
  • Capacitación: es fundamental entrenar al personal involucrado sobre el uso adecuado de la nube, protección de la información y mejores prácticas en la gestión de los datos allí alojados.
  • Revisión: audite regularmente la infraestructura de nube para asegurar que funciona adecuadamente y acorde a los objetivos empresariales. Asimismo, es clave identificar posibles riesgos o vulnerabilidades asociados a la nube, para poder remediarlos a tiempo.

La optimización de recursos en la nube va más allá de la simple asignación de recursos según la demanda. Implica la comprensión profunda de las necesidades de la aplicación y el ajuste constante de la infraestructura para garantizar un rendimiento óptimo. La implementación de políticas de escalado automático, la elección de instancias adecuadas y la gestión eficiente de almacenamiento son esenciales para evitar costos innecesarios y maximizar el retorno de la inversión en la nube.

Llevar una eficiente administración de la nube le permitirá, no solo sacar provecho de los recursos disponibles, sino también agilizar sus operaciones y ahorrar costos como el mantenimiento de infraestructura física, adquisición de dispositivos por obsolescencia o pagar por capacidades que no se utilizan.
De igual manera, cuando se cuenta con soluciones en la nube, facilita la accesibilidad a la información y los recursos desde cualquier ubicación y en cualquier momento, incentivando la productividad y el trabajo colaborativo en un entorno cada vez más globalizado e interconectado.

No obstante, no deja de ser importante mantener un control estricto de los usuarios que tienen acceso a estas plataformas y los permisos concedidos según su rol en la organización, para evitar pérdida de datos sensibles o accesos no autorizados que perjudiquen la seguridad.

En ese sentido, la protección de los datos es una preocupación constante en el entorno digital. Incluya mejores prácticas de gestión de la nube como implementación de políticas de seguridad robustas, el cifrado de datos en reposo y en tránsito, así como la autenticación multifactor. Además, la formación continua del personal en temas de seguridad es esencial para garantizar una protección efectiva contra amenazas cada vez más sofisticadas.

Por otro lado, la implementación de un sistema de monitoreo continuo es esencial para anticipar y mitigar problemas. Herramientas avanzadas de monitoreo ofrecen visibilidad en tiempo real sobre el rendimiento de aplicaciones y la utilización de recursos. La inteligencia artificial y el aprendizaje automático se utilizan para predecir posibles problemas y facilitar una respuesta proactiva. Este enfoque proactivo asegura la calidad del servicio y la experiencia del usuario, mejorando la reputación y la confianza del cliente.

En esta misma línea, mantener un control sobre el uso de los recursos también es clave para controlar los gastos de la nube. Si bien es cierto que el uso de la nube permite reducir gastos en relación a la infraestructura on-premise, cuando no se hace una correcta gestión de los datos almacenados en la nube, estos costos fácilmente se pueden salir de control. Por ello, llevar un control del uso de los recursos de nube que incluya, entre otras cosas: identificación de patrones de uso y picos de demanda; clasificación de los datos según su criticidad y revisar los tiempos de retención; delimitación de políticas de costos y gastos de nube que permita ceñirse a un umbral máximo.

Ejecutar estas tareas y mantener una mentalidad proactiva hacia la mejora continua ayudará a controlar los gastos en la nube y maximizar el valor invertido en servicios en la nube. Esto es fundamental para que la adopción de la nube sea eficiente y viable desde la perspectiva financiera.

Finalmente, si bien el cómputo en la nube ha avanzado a gran medida desde sus orígenes, trayendo consigo múltiples ventajas para las organizaciones modernas, generando competitividad y eficiencia en muchos de sus procesos, es necesario considerar el uso de buenas prácticas del uso de la misma para poder aprovechar todo el potencial que esta arquitectura tiene para ofrecer.

Esto implica tener en cuenta aspectos como la seguridad de la información allí alojada, controlar los accesos de los usuarios y tomar medidas de autenticación. Igualmente, hacer un seguimiento de los servicios y recursos consumidos juega un papel importante para mantener los costos de nube controlados.

La gestión eficiente de la nube es un viaje continuo de adaptación y evolución. Las empresas deben estar preparadas para adoptar nuevas tecnologías y ajustar sus estrategias de gestión en respuesta a cambios en el entorno digital. También es necesario fomentar una cultura de aprendizaje constante y colaborar estrechamente con proveedores de servicios en la nube, delimitando los roles y responsabilidades de cada parte antes, durante y después del proceso de transición. En última instancia, una gestión eficiente de la nube no solo mejora la eficiencia operativa, sino que también impulsa la innovación y el éxito empresarial a largo plazo.

La transición a la nube no solo implica migrar datos, sino también transformar operaciones y estrategias comerciales. Las empresas deben entender que la nube no es simplemente una solución tecnológica; es una herramienta estratégica que puede impulsar la innovación y mejorar la eficiencia operativa. Por ello, ejecutar las acciones necesarias para hacer un uso eficiente de la misma es responsabilidad de cada organización, para asegurar el cumplimiento de los objetivos tanto del proceso como del negocio.

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